Integrantes del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS), dependiente de la UNS y el Conicet, estuvieron a cargo del diseño y la puesta en marcha del Plan Calor.
Se trata de una política pública que empezó a implementar la gestión de Federico Susbielles y cuyo objetivo principal es acompañar a los hogares vulnerables en los meses más fríos.
Esta iniciativa incluye banco de leña, estufa social, garrafas y provisión de frazadas y elementos de abrigo. En el Palacio Municipal se presentaron los resultados de su segunda edición, que se realizó el año pasado, y en los próximos días se lanzará la campaña de 2026.
Las investigadoras a cargo son la licenciada Milena Poggiese y la doctora María María Ibáñez Martín, quien esta tarde habló sobre el tema con el programa Total Normalidad.
«Es la primera vez que participamos desde el momento cero en que se piensa una política»
La doctora Ibáñez Martín destacó la importancia de que la ciencia participe activamente en la gestión municipal para evitar la improvisación. «Lo que nosotros queríamos era que el Plan Calor fuera algo que se pensara con tiempo, pero sobre todo que las decisiones se basaran en información», explicó sobre el diseño técnico del programa.
Para las investigadoras, el proceso fue inédito por el nivel de apertura política hacia las recomendaciones académicas. «Es la primera vez que participamos desde el momento cero en que se piensa una política. Diseñamos todo el protocolo desde la inscripción hasta cómo se asignaba cada uno de los recursos», señaló la economista.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que la falta de recursos energéticos no se limita a los sectores tradicionalmente postergados. «La pobreza energética en Bahía Blanca está presente a lo largo y a lo ancho de la ciudad; atender a poblaciones que quizás no estaban en el radar hace que la política tome otra cobertura», advirtió.
Respecto a la distribución territorial, Ibáñez Martín utilizó una analogía muy gráfica para describir la realidad local. «Bahía es como un queso gruyer, donde de golpe uno tiene redondeles donde aparecen situaciones de privación energética muy severas en lugares donde uno no las esperaba», detalló sobre la complejidad del mapa energético.
La intervención del Conicet también incluyó advertencias sobre los peligros del uso de combustibles contaminantes. «Planteamos que uno tiene que ser muy cuidadoso con la leña para no modificar los hábitos energéticos de las familias; tuvimos respuestas técnicas que muchas veces en la esfera política son difíciles de digerir», reconoció la especialista.
«Las familias que consumen garrafas pagan un combustible que es mucho más caro»
La experta remarcó la paradoja que enfrentan los hogares sin red de gas, quienes terminan pagando tarifas más altas que los sectores subsidiados. «Las familias que consumen garrafas pagan un combustible que es mucho más caro; la vulnerabilidad las expone a pagar los energéticos más costosos», sentenció en relación a la Ley de Zona Fría.
Sobre los resultados de la edición 2025, la doctora confirmó que la respuesta social fue masiva y efectiva. «El Plan Calor recibió arriba de 7.000 inscripciones y se asistieron a 6.502 familias; eso nos habla de un buen diseño porque los recursos siguieron una lógica territorial similar a la privación energética», evaluó.
Finalmente, de cara al lanzamiento de la campaña 2026, recomendó a los vecinos gestionar con tiempo su acceso digital. «Para inscribirse, un miembro del hogar tiene que tener usuario en Mi Bahía; pueden ir adelantando tiempo y creando ese usuario para cuando se haga el lanzamiento oficial», concluyó la investigadora.
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