El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo, expresó hoy su preocupación por el aumento de personas que recurren a la asistencia social y aseguró que cada vez más familias de clase media baja acuden a Cáritas en busca de ayuda.
Sobre este tema hablamos con Miguel Vidal, director de Cáritas Bahía Blanca, para saber qué está ocurriendo a nivel local.
Vidal confirmó que la demanda de asistencia en Bahía Blanca creció mientras los recursos disminuyeron. El director explicó que el fin de las partidas por la emergencia climática del año pasado generó un bache financiero.
«Ahora que toda esa ayuda extra no está llegando, la situación de la gente se ha complejizado aún más todavía», señaló el responsable de Cáritas sobre el escenario actual.
La institución debe limitar el ingreso de nuevas familias por falta de presupuesto. Muchas comunidades mantienen cupos cerrados porque no cuentan con los medios para ampliar la cobertura.
«Hay comunidades que no han aumentado el número de familias porque no tienen manera de acompañar más gente, cortamos ahí porque no se puede más», detalló Vidal.
Durante el año pasado, la entidad destinó 180 millones de pesos a la compra de alimentos. Este año, ese fondo especial no se renovó y la capacidad de compra de la organización se redujo drásticamente.
«Este año ese volumen no lo tenemos y no tenemos cómo hacer eso porque no tenemos la posibilidad de comprar», advirtió el director respecto al déficit operativo.
«Hay comunidades que no han aumentado el número de familias porque no tienen manera de acompañar más gente»
Además, indicó que las carencias se extendieron a zonas de la ciudad que antes no presentaban estas urgencias. Sectores como Alem al 3000 o Aldea Romana comenzaron a solicitar asistencia de forma recurrente.
«Se abren nuevos espacios que empiezan a demandar asistencia, lugares que en la cabeza de uno no están con necesidades», precisó Vidal sobre los nuevos focos de demanda.
La crisis afecta el acceso a medicamentos, agua y calefacción. El costo del transporte público también se convirtió en un impedimento para que las familias realicen trámites básicos en el centro.
«No solamente es el tema de las comidas, hoy salir con dos o tres chicos al centro son diez mil pesos y eso es un montón de dinero», explicó el funcionario sobre los gastos cotidianos.
Vidal observó que antiguos colaboradores de la red solidaria ahora se acercan a pedir ayuda. El fenómeno se repite principalmente en los barrios donde la ayuda entre vecinos era la base del sostenimiento.
«Hay un montón de gente que en algún momento se acercaba a donar algo y ahora dejó de aportar, hasta se arrima a pedir alguna cosa, a veces con mucha vergüenza», indicó Vidal.
«Esa persona que por ahí con un mango más podía acompañar a un lugar, ahora se acerca a ver si le pueden dar algo de lo que él ofrecía», indicó.


