#EleccionesUrbana – PASO 2021, de la economía a las urnas

Al término del 2020, el “año de la cuarentena”, el 24% de los bahienses se encontraba por debajo de la línea de la pobreza, mientras que un angustiante 7% no supera el índice de la indigencia. Además, en lo que va del año, la inflación ya escaló a un 32%, y a marzo de este año un 9,2% de los habitantes de la ciudad están buscando empleo sin éxito.

Con esta realidad, candidatos y candidatas deben construir una plataforma con propuestas que convenzan a las personas que encarnan estas frías cifras, que existe la posibilidad de que su realidad tome un giro de 180°: quienes buscan un trabajo podrán conseguirlo, quienes no llegan a fin de mes tendrán un respiro y quienes no pueden acceder a una alimentación mínima puedan hacerlo.

Muchas veces se dice que la gente vota con el bolsillo, y conocer la realidad que se vive en nuestra ciudad puede resultar indispensable para atravesar este proceso electoral. ¿Qué situación socio económica están atravesando los y las bahienses? ¿De qué manera la leerán para luego entrar al cuarto oscuro?


¿Cómo llegamos hasta aquí?

No es ninguna sorpresa que el COVID-19 devastó la situación económica y social de nuestro país, así como lo ha hecho a lo ancho del mundo. Una de las particularidades argentinas es que el impacto del virus llegó a profundizar un proceso de deterioro de los indicadores que ya estaba vigente al menos desde 2017. Ahora, en números es una cosa, pero en vivencias es otra.

Las primeras estadísticas que salieron a principios de 2016 en nuestra ciudad muestran que, durante los primeros meses de la gestión de Héctor Gay en Bahía Blanca y Mauricio Macri en Argentina, 1 de cada 4 bahienses no tenía ingresos suficientes para superar la línea de la pobreza (EPH Indec 2016), elevando al término de su primer mandato en 2019 ese índice a un 28%, casi 1 de cada 3.

Para pasar del número a lo real, César García, referente de la Corriente Clasista y Combativa, una de las organizaciones con más presencia en los barrios de nuestra ciudad, nos decía en noviembre de 2019 que tenían “2155 niños de menos de 6 años registrados que hoy le falta la leche en pleno crecimiento. Además, 211 ancianos que no tienen para comer”.

A todo esto, otro de los indicadores que no paró de crecer en esos 4 años fue la inflación. El acumulado de los 4 años de Cambiemos al mando del país  arrojó un 297,6% de aumento de precios (calculadora IPC CREEBBA), con un pico inflacionario de 59,2% en su último año de gobierno.

En su momento, comerciantes locales de diversos rubros nos contaban lo siguiente:

Luis Gutman Propiedades: “Las ventas están paradas, se rompió la cadena de pagos. El desmanejo económico es mucho más profundo de lo que se ve, nunca he visto nada igual”

Abel, Supermercado ‘La ilusión’: “Los alimentos siempre son los castigados, nosotros tratamos de llevar los aumentos paulatinamente para que el cliente no se vea tan afectado en la cuenta y pueda aguantar la góndola”

Fabián Balut, concesionario de automóviles: “Estamos sin ventas y respecto al 2018 nos encontramos un 50% abajo. En ningún país del mundo se pueden vender autos con una tasa de interés arriba del 70%”

Otro rumbo, aún en crisis

Esta era la cara de una sociedad que llegó devastada al 2020 en términos socio económicos. Con el cambio de color político nacional y provincial, una de las banderas levantadas por el peronismo al llegar a la presidencia era recuperar esos años de consumo, poder adquisitivo, salarios que le ganaban a la inflación, posibilidades de movilidad social ascendente, producción y empleo. La realidad obligó a, más que emprender una subida, asumir que el rol del gobierno iba a ser el de contener una caída inevitable: un virus desconocido, altamente contagioso y mortal obligó a detener toda actividad económica que implicase una alta circulación.

Según una investigación titulada “Pobreza Multidimensional en Argentina y Bahía Blanca en tiempos del COVID-19, publicada en abril de 2020, el Gobierno se enfrentó “a una difícil disyuntiva de elegir entre el menor de dos males: el contagio y propagación del COVID-19 entre los pobres, siendo ellos un grupo de altísimo riesgo (…) vs. el cese del flujo de los ingresos con los que estos hogares habitualmente subsisten. (…) Claramente, el segundo de los males parece ser mucho menor que el primero, y se ha optado por él”.

Para sostener esta elección, el gobierno intentó generar un sistema que impida una crisis social inédita. Gonzalo Semilla, director del Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca (CREEBBA), dijo que “sin la ayuda del Gobierno la pobreza estaría 10 puntos por encima. Los números arrojan 42% [a nivel nacional], y sin esa asistencia llegaría a la mitad de la población. El año pasado el gobierno tuvo un gasto histórico, nunca visto, con un déficit del 6%, y este será del 4%”.

Aquí en Bahía Blanca los números hablan por sí solos: hasta octubre del 2020 la inversión extraordinaria por parte de Nación en concepto de IFE y ATP fue de aproximadamente $2.600 millones de pesos. Aquí se llegó con el Ingreso Familiar de Emergencia a 44.062 bahienses, de los cuales un 57% pertenecen al sector de la economía informal. En cuanto al programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), llegó a 1.490 empresas y 10.709 trabajadoras y trabajadores en su último pago, abonando en la mayoría de los casos la mitad de sus sueldos. (Fuente: base de datos ANSES)

¿Y cómo impactó esto en los barrios de nuestra ciudad? Fabiana Gómez, integrante de Somos Barrios de Pie, explicó que “el tema del IFE fue importante mientras duró. Hay gente que se abrió puestitos de verdulería, que con eso pagaban el alquiler”.

Lo real es que ni a través de esta inversión el Gobierno pudo evitar un fuerte deterioro social y económico. Esto se evidencia a través de la cantidad de bahienses que cayeron en la indigencia: pasó del 4,4% a fines del 2019 a un 7% (EPH INDEC)  terminando el año pasado.

Una pandemia de magnitudes como las que venimos describiendo también se guardó golpes para el empleo: del 7,2% de personas desocupadas según INDEC a fines de 2019 en Bahía Blanca, el 2020 dejaba a un 9,7% de la población desempleada y en busca de trabajo.

Para Martín Napal, profesor de Economía de la UNISAL y Coordinador de Estadísticas Sociales del Municipio de Bahía Blanca, en el impacto de estos datos existen distintas variables. La distribución del empleo en nuestra ciudad es muy desigual, ponderando tanto la ubicación geográfica como las condiciones de trabajo. “La mayoría de las personas ocupadas en las villas o no tienen registro o tienen trabajos de duración limitada, sin estabilidad ni seguridad de un futuro con empleo. Sólo 1 de cada 5 personas tienen empleo estable. El impacto de la pandemia en el resto de los empleos fue mortal” sostuvo el economista en base a un relevamiento del que participó junto a otros investigadores del CONICET.

Volviendo a la realidad concreta y material con la que trabajan las organizaciones sociales a diario, Fabiana Gómez refuerza: “La situación que quedó es de una falta de trabajo terrible, con unas necesidades tremendas. Pero tenemos la esperanza, vemos que estamos saliendo. Mucha gente se quedó sin trabajo, el que cobraba día a día como las compañeras en casas de familia. Muchas mamás solas con sus hijitos, o compañeros que tenían trabajo de changa, haciendo pintura o albañilería, al cerrarse todo por la pandemia se quedaron sin lo único que tenían para sobrevivir”.


Segundas dosis y reactivación económica

El principal factor que bloqueó el normal desarrollo de la actividad laboral y las perspectivas de crecimiento con las que asumió el Gobierno nacional estuvo ligado a la incertidumbre constante a la que empujó el virus. 2021 vino a representar lo opuesto: la vacunación como llave que destrabe el camino de la reactivación económica.

Los números no mienten, al día de hoy aproximadamente 1 de cada 3 bahienses tiene dos dosis de la vacuna contra el coronavirus, lo que representa más de 130 mil personas. (Fuente: Ministerio de Salud PBA)

Para Gonzalo Semilla, “el contexto con el que llegamos a las elecciones tiene que ver con algunos datos económicos alentadores. En estos términos, este año va a ser bueno. En 2018 y 2019 tuvimos una caída de actividad en torno al 2,5%, antes de la caída del 10% el año pasado por efecto de la pandemia. Este va a ser el primer año que se va a revertir ese dato, rondando un 7% de aumento de actividad económica en 2021”.

Ahora bien, indudablemente los objetivos macroeconómicos no son irrelevantes, pero el desafío radica en que este crecimiento se manifieste en mejoras concretas en la calidad de vida de las personas. En ese marco, los 3 ejes más notorios serían la pobreza, la inflación y el desempleo.

¿Qué pasa con el poder de compra y la inflación? El economista del CREEBBA agrega que “Si observamos el índice de precios el pico fue en abril (5%). Desde ahí hasta ahora la tendencia es a la baja (agosto: 2,9%, según el IPC CREEBBA). Hay una clara ralentización del ritmo inflacionario. Hace tres años que los salarios no le ganan a la inflación a nivel nacional, aunque 2020 en Bahía el saldo nos dio positivo por un 6%, porque hubo un fuerte ajuste de paritarias en octubre. Ahora en 2021 se está algunos puntos por debajo en Bahía Blanca. El gobierno sabe que está por detrás y busca recuperarlo”.

Fabiana Gómez, de Somos Barrios de Pie, observa que “ahora se puede salir un poco más” y que hay mucha gente “con las segundas dosis, donde podemos trabajar más tranquilos siguiendo los protocolos”. No obstante, hay que destacar que las organizaciones sociales continúan su reclamo por un salario básico universal, y un aumento del salario mínimo vital: “necesitamos un trabajo genuino, salir del asistencialismo en algún momento, armar talleres y trabajar en otra cosa, donde los compañeros accedan a una obra social” cerró.


Detrás del voto

No hay un manual de estilo adecuado en los distintos equipos para hacer una campaña y, a la vez, a través de propuestas legislativas generar un cambio real en la calidad de vida y la economía de tantas personas que ven algún derecho social o económico frontalmente vulnerado.

En Bahía Blanca, la polarización contribuye al estado de máxima confusión emergente en el país. El oficialismo local es oposición nacional y provincial, pero fue gobierno desde 2015 hasta 2019 y tiene mayoría en el Senado provincial. Y del otro lado, la oposición local es oficialismo nacional y provincial, tiene mayoría en el Senado nacional y en la diputación provincial.

¿Notaron algo extraño -o por el contrario, común, si frecuentan nuestro medio-? Ninguna de las personas con las que hablamos pudieron mencionar una sola política social o de empleo formal planificada y ejecutada por el Municipio de Bahía Blanca, el cual está gobernando la ciudad desde hace 6 años. 6 años con un presupuesto a través del cual pueden hablar, explicar y hacer lo que deseen. Sólo hará falta voluntad política para crear trabajo, o coordinar con el empresariado local con baja de tasas locales, por dar un pequeño ejemplo, a cambio de ofrecer puestos laborales. A través del presupuesto pueden organizar y planificar este tipo de políticas locales para que tantas personas que sufren la falta de alimento suficiente, la falta de un trabajo digno o la falta de una vida medianamente cómoda, no tengan tamañas dificultades.

Tampoco se puede mirar para otro lado con la plataforma electoral que arrastran, desde que Fernández y Kicillof ganaron en 2019, en el Frente de Todos y que la pandemia postergó. Las organizaciones sociales que organizan y trabajan a diario con las necesidades, tienen sus propios reclamos, y no quieren ser vistos simplemente como la tapa de una olla a presión social. En concreto, Fabiana Gómez, quien desde su organización integra el Frente, sostuvo que “estamos de acuerdo con un salario mínimo universal. Estamos por debajo de la línea de pobreza con el salario mínimo. Es muy mínimo y no alcanza a cubrir las necesidades de la gente. Se necesita un trabajo, un sueldo digno, el trabajo dignifica”. Así finaliza la nota que nos cedió, y creemos que pone los puntos sobre las íes. Si van a pedir el voto joven, o de sectores postergados y puntualmente afectados desde 2015, aquí tienen las necesidades. Ahora necesitamos las políticas y las soluciones.


Te podría interesar:

 


 

También podría gustarte Más del autor

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.