Tomás Lopreite tiene 21 años y es técnico aeronáutico egresado de la Escuela Técnica Nº 2 de Bahía Blanca. Hace años que sueña con ser astronauta y actualmente estudia Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Nacional de La Plata. Ahora fue admitido en una importante universidad de Estados Unidos, la Embry-Riddle Aeronautical University, y está buscando ayuda económica para poder ir allá a continuar sus estudios.
«Mis padres son laburantes de toda una vida; mi padre es canillita, vendedor de diarios hace más de 30 años; mi madre limpiaba casas 12 horas al día, se rompía el lomo para ponernos el pan sobre la mesa y yo realmente veía ese esfuerzo, esa resiliencia que ponían mis viejos todos los días y que incluso a veces lloraban porque decían ‘le queremos dar lo mejor a nuestro único hijo’. Y a veces quizás dormíamos en el piso, entre la mugre, entre el moho, pero aún así tirábamos para adelante y eso me hizo decir ‘quizás yo puedo cambiar mi realidad a través del estudio'», contó en comunicación con el programa Total Normalidad.
«Esta búsqueda empezó en mi adolescencia —agregó el joven—. Cursé tres años en una escuela de educación normal media, en donde realmente tenía muchos problemas personales, muchas complicaciones conmigo mismo y un día me puse a reflexionar y dije ‘yo realmente quiero crecer, quisiera ser alguien en la vida, quiero ayudar a las personas, quiero ayudar a este país que tanto me dio y que no sé cómo devolvérselo'».
«Entonces un día dije ‘me voy a cambiar a una escuela técnica’. Escogí una a dedo, no les voy a mentir, y en una de esas, estamos hablando de coincidencias, plan de Dios, universo, lo que quieran llamarlo, entré a la Técnica Nº 2 y a la tecnicatura en Aeronáutica. Y esto es curioso porque esta tecnicatura es muy difícil de encontrar en escuelas técnicas. Yo justamente nací en Bahía Blanca, que es una de las ciudades que tiene esta especialidad; quizás únicamente 10 escuelas técnicas en el país tienen esta tecnicatura», destacó.
«Hay técnicos químicos, hay técnicos electromecánicos, técnicos informáticos, pero técnicos aeronáuticos…, eso no se ve todos los días. Y entré a este ambiente, con profesores que ya no eran únicamente profesores licenciados en Matemática, en Física, sino que estaba hablando con arquitectos, ingenieros, gente que estuvo en el área militar trabajando con aviones, y eso me enseñó un montón», comentó.
«Y entré a muchas actividades extracurriculares que me formaron, entré a Olimpiadas de Matemática, entré a los Juegos Bonaerenses en la disciplina de ajedrez, gané las Olimpiadas Aeronáuticas con medalla de oro, estuve en el planetario de la Universidad Nacional del Sur dando una charla sobre el cosmos, sobre nuestro sistema solar, lunas, cuerpos celestes, aun estando en el secundario tuve ese privilegio», añadió.
«Desde joven siempre quise postular a Estados Unidos —dijo Tomás—, por su calidad académica, por los laboratorios tope de gama y por todo ese mundo de contactos que hay, de la NASA, Boeing, Lockheed Martin, todas las empresas del rubro aeroespacial, y postulé a una universidad aeronáutica en específico llamada Embry-Riddle».
«Estamos hablando de una universidad aeronáutica estadounidense que tiene como 70 hectáreas de campus, una flota de 40 aviones, ingenieros aeroespaciales como profesores. Estamos hablando de un campus que está lleno de oportunidades, como contratos con la NASA, es realmente el lugar que a mí podría posicionarme en la cúspide de mi nivel académico y profesional. Y bueno, fui admitido hace unas semanas en esta importante universidad, y recibí una beca académica parcial, de las más máximas académicas que le dan a los extranjeros, que son de 21.500 dólares anuales», detalló.
«Estudiar en Estados Unidos es muy caro, ya que es educación privada a comparación nuestra, que tenemos esta educación pública que es maravillosa, necesito aclarar, que me abrió las puertas para poder estudiar a pesar de mis condiciones. Estamos hablando de un costo anual, por cuatro años, de 67.000 dólares, que se gasta en matrícula, comida y alojamiento y gastos en materiales académicos. Yo recibí esta beca de 21.500 dólares, por lo que el gasto anual pasa a ser de 45.000 dólares e igualmente sigue siendo muy elevado», expresó.
«Sigo en tratativas académicas , hablé con la propia tesorería de la universidad para decir ‘mirá, yo estoy pasando por estas condiciones, estoy pasando por este momento, estoy recibiendo esta difusión y creo que puedo llegar a ser merecedor de una ayuda económica más’. También tengo intenciones de trabajar mientras estudio, allá en Estados Unidos, para poder costear parte de estos gastos; podemos hablar de que yo puedo llegar a generar, en bruto, 7.000 a 10.000 dólares anuales. Eso realmente baja mucho la cantidad que se necesita», agregó Tomás.
«Ahora mismo estoy con un alias por Mercado Pago. Realmente la gente me hizo emocionar porque en muy poco tiempo conseguimos 4 millones de pesos para poder tener gastos en matrícula, visa, inspecciones médicas, es realmente una oportunidad única», contó.
Finalmente, comentó que si esta oportunidad no se llega a dar quiere seguir estudiando en la Universidad de La Plata. «Quiero seguirme formando, quiero seguir estando en este país, porque vaya adonde vaya, además de ser astronauta, mi sueño es poder colaborar a nivel ciencia, a nivel tecnología, con el país. Poder trabajar mano a mano con el Conicet, con la CONAE, con el INVAP, quiero realmente hacer este país grande, quiero hacer que sea referente en materia aeroespacial. Yo realmente quiero construir cohetes, quiero que Argentina vuelva a tener lanzadores poder tener una agencia espacial como la gente; lo que hace la CONAE en la actualidad, con los pocos recursos que tiene, ya es maravilloso. Quiero colaborar con eso porque Argentina me lo dio todo y yo se lo quiero devolver», dijo.
El alias es universidadtomas y hay un correo de contacto para quien quiera saber el proceso de transparencia de las donaciones, que es tomasagustinlopreite@gmail.com.



