El día de mañana se cumple un año de la inundación que azotó nuestra ciudad el pasado 7 de marzo. Se trató de uno de los eventos climáticos más severos de la historia de nuestra ciudad, con lluvias que superaron los 200 milímetros en menos de 6 horas. ¿Cómo se llegó a esa situación, y de qué forma se prepara la ciudad en materia hidráulica de cada al futuro?
Paula Zapperi, doctora en Geografía e investigadora del CONICET, aseguró que «Bahía Blanca sostiene problemas históricos con el agua, puntualmente con el paso del Arroyo Napostá y sus cuestiones de pendiente. Por ello es que ocupar o pavimentar ciertas zonas genera desperfectos en otras, porque el agua que no escurre por un lado sale por otro. Esta es una ciudad que requiere atención en ciertos aspectos hidráulicos, al notar que no siempre hacen falta precipitaciones de gran milimetraje para que se aneguen calles incluso en zonas altas, y que muchas otras sufran socavamientos y pozos».
«Si bien estamos en permanente contacto con el área de Planeamiento municipal, y sabemos que hay un interés en estos temas, sucede que muchas veces lo urgente se impone a lo importante y los temas hidrográficos quedan relegados» Paula Zapperi.
Pensando en lo que dejó el 7 de marzo en materia de planificación hacia el futuro, la profesional marcó que «muchas veces a la hora de pensar en el crecimiento urbano de una ciudad, sucede que hay una preponderancia en la discusión del acceso a los servicios, haciendo que lo hídrico quede en un segundo plano. Hoy ya hay poco margen para dejar pasar estas cuestiones, y vemos cómo en todo el mundo hay una tendencia a plantear la urbanización pensando en los espacios verdes, incluso por una cuestión de confort térmico para mitigar el calor extremo. Luego de la inundación, a la hora de pensar la situación inmobiliaria, muchas veces lo hídrico se ubica entre las primeras prioridades».
