La Ciudad ejerce su Memoria

Nuevamente el 24 de marzo llega marcado por la pandemia que nos azota hace un año. Otro día de la Memoria, la Verdad y la Justicia donde la marcha multitudinaria habitual tendrá que esperar. Aún así, no hubo forma de detener esa necesidad de ejercer la memoria colectiva. Aunque sin el acto característico, miles de personas se movilizaron en caravana, respetando los protocolos, desde el predio de La Escuelita en el Camino de la Carrindanga.
Victoria Aure, integrante de la Red por la Identidad Bahía Blanca, admitió que ‘’A nosotros nos sorprendió un montón, no pudimos contar la cantidad de gente que había, fue muchísima. Siempre esperamos los 24 con mucha gente, se notó que había una gran necesidad de salir y encontrarse’’.
La Red es una organización que depende de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y funciona como nexo en aquellas localidades donde esta agrupación no tiene filial.

La Escuelita
La memoria encontró su lugar de manifestación colectiva, como todos los años, en el predio donde estaba ubicada La Escuelita.
La Escuelita se ubica dentro del Comando V Cuerpo del Ejército en nuestra ciudad, a tan solo 200 metros del Camino de la Carrindanga. Allí funcionó el centro clandestino de detención y tortura más grande de nuestra región durante la última dictadura cívico militar.
Centenares de víctimas pasaron por este centro luego de ser secuestradas no sólo en Bahía Blanca sino también en distintos puntos del sur del país. El edificio donde funcionó fue demolido completamente a principios de 1979.
A día de hoy, se tiene registro de dos bebés nacidos en este lugar: Graciela Izurieta tenía 23 años cuando fue secuestrada junto a su pareja Ricardo Garralda el 23 de julio del 76’. Su hijo o hija nació en febrero del 77’, y a día de hoy sigue siendo buscado. Por otra parte, Graciela Romero de Metz desapareció en Cutral-Có junto a su marido Raúl Metz el 16 de diciembre del 76’. El 17 de abril del 77’ tuvo a luz a un varón, que a día de hoy su familia busca sin descanso.
Aure destacó que “cuando esas personas, hoy adultas, recuperen su identidad van a recibir justicia. Este es uno de los pocos casos donde, sin encontrar a las personas, se juzgo su apropiación y se condenó a los culpables”. En el 2011 se condenó por estos crímenes, entre otros, a 11 militares que integraron el Comando V Cuerpo del Ejército, 2 jefes de la cárcel de Villa Floresta y 4 agentes de la Policía Federal de Viedma. Durante el juicio cerca de 400 testigos declararon sobre los más de 90 casos que integraron la primera etapa del juicio por delitos de lesa humanidad en Bahía Blanca.
Hoy La Escuelita es el sitio que concentra las movilizaciones para recordar a las 30 mil personas desaparecidas en la última dictadura. Aure explicó que “la rutina en los 24 siempre fue el acto en La Escuelita. Los organismos de Derechos Humanos y la sociedad en conjunto han podido resignificar los sitios donde reinó el horror y ocurrieron los delitos más grandes de nuestra historia y poder llenarlos de vida, de cultura y de lucha. Luchamos por la reivindicación de la vida sobre la muerte y la democracia sobre cualquier otro sistema”.

#PlantamosMemoria
Como toda actividad, las multitudinarias marchas, los abrazos, las reuniones, los actos, deben esperar por lo menos un poco más. Así como el año pasado la convocatoria fue por las redes sociales, este 2021 se lanzó una campaña con los espacios verdes y abiertos como protagonistas. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo invitaron a plantar 30 mil árboles en memoria de lxs detenidxs y desaparecidxs por la última dictadura cívico militar.
Como no podía ser de otra forma, la campaña fue un éxito, con acciones a lo largo del país. Y Bahía Blanca no fue la excepción. Distintas instituciones, referentes, organizaciones estudiantiles, clubes, y otros espacios respondieron a la convocatoria.
Uno de los primeros en sumarse a la campaña fue Federico Susbielles, presidente del Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca y principal referente político del Frente de Todos local, quien plantó dos árboles acompañado de la senadora provincial Ayelén Durán y la delegada del Ministerio de Desarrollo de la Nación, María Delia Álvarez. La actividad se desarrolló en el Centro Comunitario Loyola del Barrio Spurr.

“Para mí fue una alegría y un orgullo poder participar. Es una gran manera de recordar y honrar el legado de lxs 30 mil compañerxs desaparecidxs”, aseguró Susbielles, al tiempo que rescató la cuestión ambiental que también está incluida por esta campaña: “En un momento en el cual está claro que el compromiso y la necesidad de la prevención medio ambiental es un factor importante para la comunidad, una iniciativa que se basa en esa cuestión va por el camino correcto”.
Por su parte, Álvarez resaltó que “en este tiempo donde la pandemia no nos permite hacer grandes concentraciones pudimos plantar estos árboles en memoria de lxs 30mil desaparecidxs como un acto de vida y de futuro”.
También formaron parte diversas organizaciones estudiantiles de nuestra ciudad, por caso Cardumen, actualmente al frente de la dirigencia del Centro de Estudiantes de Humanidades de la UNS, también llevó adelante la campaña junto con la Subsecretaría de Extensión en el barrio Puertas del Sur.
Anaclara Denis, integrante de Cardumen, explicó que “El barrio en el que militamos lxs vecinxs a veces no pueden ir en caravana a La Escuelita o a marchar al centro. Nos pareció oportuno plantar árboles en el barrio, que quedan ahí para todxs lxs vecinxs en su lugar de residencia”.

Lo interesante de esta campaña es que reunió no solo a referentes políticos de la ciudad y la región, sino que incluyó también a otras instituciones que funcionan en ámbitos de trabajo concretos. Por ejemplo, el director del Hospital Penna Gabriel Peluffo y el titular del distrito 19 de Vialidad Nacional Gustavo Trankels se sumaron a plantar árboles en sus respectivos sitios.
Trankels graficó esta necesidad de ejercer la memoria por parte de todos los actores sociales cuando dijo que “mantener viva la memoria de los detenidos y desaparecidos de esa etapa tan oscura de nuestra historia es deber de todos. Cruza de forma transversal a toda la comunidad y Vialidad Nacional no puede ser ajena a la conmemoración de esas personas que sufrieron aquellos años difíciles”.
Peluffo agregó que “fue un momento emocionante. En búsqueda de la verdad y la justicia sin olvidarnos nunca de los desaparecidos y en homenaje a ellos plantamos vida”.
También participaron la gerenta de la UDAI I de Anses Carina Pizarro, Región Sanitaria I a través de sus directores Maximiliano Nuñez Fariña y Laureano Alimenti, en la mayoría de los casos acompañadxs por representantes de la agrupación H.I.J.O.S. de Bahía Blanca.

¿Y el oficialismo local?
Ni un árbol fue plantado en la ciudad por ningún funcionarix de Juntos por el Cambio en nuestra ciudad. Ni concejalxs ni secretarixs del ejecutivo, no se hizo ningún eco a la campaña convocada por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. ¿Realizaron alguna conmemoración paralela por las 30 mil personas desaparecidas por la última dictadura militar? Tampoco, no hubo nada.
El intendente Héctor Gay y algunxs de sus secretarixs publicaron una imagen en sus cuentas de Twitter invitando a la reflexión, sin profundizar en ningún concepto. Por su parte, la cuenta oficial del Municipio publicó la misma plantilla pero con un error conceptual, ya que recordó los “38 años de democracia”, fecha que se conmemora el 30 de octubre cuando Alfonsín gana las elecciones del 83’, y no el 24 de marzo en el aniversario del golpe de Estado. Confusión curiosa para una coalición oficialista de la cual forma parte el radicalismo. De cualquier manera, la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia no está incluida de la agenda del gobierno local.

 

La historia de “Mano”
Manuel Santamaría nació en Bahía Blanca el 10 de octubre de 1956. Hizo la secundaria en la Escuela Normal, donde empezó su militancia estudiantil. Años después se fue a estudiar abogacía a La Plata, donde además trabajaba en la empresa Comercial Belgrano. Según su hermano Guillermo, era una persona sensible, le gustaba escribir poemas y actuar. Militaba en la Juventud Universitaria Peronista. Estaba en pareja con María Luisa Peredo. Vivía en una pensión en Capital Federal en calle Rincón al 1500.

Manuel Santamaría

El 10 de abril del 77’, cuando “Mano” tenía 20 años, él y su novia fueron secuestrados. Nunca más se volvió a saber de ellos. No se encontró ningún registro con su nombre en los centros clandestinos de detención. La búsqueda sigue vigente hoy, 44 años después.
Guillermo, su hermano menor, contó que cuando se enteraron de la noticia los más afectados fueron su hermano mellizo Adrian y su madre “Chichi”. Ella se dedicó a buscarlo por todos lados. En plena dictadura militar, en los años más sangrientos y terribles, se puso cara a cara con el general José Vaquero del V Cuerpo del Ejército para preguntarle por su hijo. La búsqueda la llevó hasta el Edificio Libertador en la Ciudad de Buenos Aires. En todos lados la misma soberbia, impunidad e idéntica respuesta.
“Mi mamá se metió en todos lados, fue al Comando, a los servicios de inteligencia. En Buenos Aires la sacaron con un FAL en la espalda” relata Guillermo, quien siente que “esto que pasó no tiene reparación para las familias. A nosotros familiarmente nos destrozó, nunca lo vamos a poder superar”.
Elena “Chichi” Montecchiari, histórica Madre de Plaza de Mayo de Bahía Blanca, buscó a Manuel hasta el último día. Falleció el 21 de agosto del 2019. Se fue sin saber qué fue de su hijo, sin poder reencontrarse al menos con su cuerpo. Sin saber si tenía un nieto.
Guillermo cuenta que jamás dejaron de acompañar a su madre a cada marcha del 24 de marzo y a todos los actos en La Escuelita.
Muchos años después de lo sucedido, en medio de la búsqueda, su familia sigue encontrando poemas escritos por Manuel de sus años viviendo en Capital. También le encontraron ropa vieja. Sus amigos dicen que es porque la ropa nueva que tenía la regalaba a la gente de una villa en la que brindaba ayuda social.
Y si bien los años pasan, las historias pierden claridad y lxs protagonistas se van, la memoria siempre encuentra la forma de permanecer. Guillermo cuenta con emoción que “en mi familia tenemos una tradición: todos se llaman Manuel”.

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