José Cambi se define como apostador en recuperación y forma parte del programa municipal Apostar no es Jugar, destinado a prevenir y abordar la ludopatía online en niños, niñas y adolescentes. Como hoy empezó el Mundial de fútbol 2026 y las apuestas deportivas forman parte de esa problemática, nos comunicamos con él para conocer su experiencia.
Para empezar, describió los inicios de su adicción como una ilusión ligada a las falsas expectativas económicas de la adolescencia. «Arrancó con una fantasía adolescente, a los 14 o 15 años, de querer jugar a la ruleta y querer ganarle, como esta cuestión matemática de que se puede. La realidad es que las matemáticas están a favor de la casa, pero uno en la adolescencia eso por ahí no lo ve», reconoció.
Cambi detalló la evolución de su consumo en paralelo con los avances tecnológicos, desde los formatos presenciales hasta el surgimiento de las plataformas digitales. «Pasé por muchos procesos. Me costó, yo tuve que esperar hasta los 18 para entrar al casino. Después se había puesto de moda el póker online allá por 2010 y empecé a jugar a través de la computadora. En 2015 o 2016 ya arrancaron más fuerte las casas de apuestas digitales», repasó.
Respecto a las consecuencias del juego, el entrevistado remarcó que las pérdidas principales no son materiales, sino de carácter vincular y temporal. «Se pierde vida, tiempo. El dinero no deja de ser importante, pero con esfuerzo y con laburo todo se puede recuperar. El tiempo que se perdió, la vida que se perdió, o quizás las relaciones que se perdieron, eso por ahí ya no se recupera», reflexionó.
Asimismo, alertó sobre las estrategias publicitarias de las empresas del sector y desmitificó la posibilidad de obtener sustento económico mediante esta actividad. «Saben a dónde apuntar, agarran a influencers que están específicamente apuntados a jóvenes y adolescentes para promocionar las casas de apuestas. En el hipotético caso que puedas vivir de eso no quiere decir que no sufras de ludopatía. Es una fantasía, es una utopía, es mentira», enfatizó.
El expositor identificó la comunicación abierta, el acompañamiento profesional y el resguardo de las finanzas como los mecanismos fundamentales para el tratamiento. «Hablar es fundamental porque, como en toda adicción, lo primero que uno hace es callarla, y a la larga termina siendo silenciosa y solitaria. Uno cree que lo tiene controlado y que puede solo, pero es mentira. Se necesita ayuda tanto profesional como familiar, y que alguien te ayude con el dinero», sugirió.
Finalmente, Cambi apeló a la responsabilidad de los entornos familiares para visibilizar el problema y revertir la naturalización social de esa conducta. «Es fundamental que se hable en las casas. Hacemos encuestas y los chicos dicen que no, que en las casas no se habla de apuestas. Es hora de que las familias se lo tomen en serio. Así como se habla de alcoholismo o de drogas, está bueno hablar de prevención de la ludopatía», concluyó.


