El Senado de la Provincia aprobó un proyecto de ley que busca regular el uso de celulares y otras pantallas tecnológicas en las escuelas secundarias, tanto de gestión estatal como privada. Esto se suma a la restricción taxativa que ya rige desde este año en establecimientos de la primaria.
El proyecto fue presentado por el diputado de Unión y Libertad, Martín Rozas. Se aprobó en la Cámara de Diputados y este miércoles se trató en el Senado. Como se aprobó con modificaciones (se lo incluyó en la ley que prohíbe el uso de celulares en las escuelas primarias), deberá volver a Diputados.
Por eso hablamos sobre el uso de celulares en las aulas (y en la vida en general) con la psicóloga y profesora Carolina Goldman, quien trabaja en el Departamento de Orientación Educacional de las Escuelas Preuniversitarias de la Universidad Nacional del Sur.
«Está disminuyendo su capacidad de atención, de aprendizaje, de vincularse, de relacionarse, y la realidad es que es un consumo problemático. Los consumos problemáticos pueden ser de sustancias o pueden ser también la ludopatía, las apuestas online o hacer scroll en los dispositivos electrónicos», nos dijo en Total Normalidad.
«El objetivo o el propósito ha sido poder tratar de recuperar un poco de conexión, de atención, no solamente poniendo como prioridad lo académico, sino también por una cuestión de lo social. Que haya un encuentro y una mirada tiene que ver con que nos estamos encontrando y conectando, para no desaprovechar cuando estamos con personas de carne y hueso», explicó la profesional.
Y agregó: «Sabiendo que están en una etapa del desarrollo, si estamos hablando de educación no estamos educando solamente en matemática, en lengua o en historia; también tiene que ver con la ciudadanía digital, con la educación sexual integral y el encontrarnos con los otros y las otras».
Finalmente, sobre la pantalla como refugio frente a las inseguridades sociales, sostuvo: «Cuando sos un niño o un adolescente que estás construyendo tus herramientas para el mundo y para tu identidad, refugiarte detrás de una pantalla no ayuda a poder vincularte, socializar y revisar inseguridades. Las pantallas son como un bastón o un lugar donde esconderse».
