Joyería Gasparini (Galería Plaza, Local 12) es una empresa familiar con más de 80 años de trayectoria en Bahía Blanca y su dueño, Rafael Colalongo, estuvo en el programa Total Normalidad para contarnos su historia.
El comerciante recordó sus inicios en el oficio desde la infancia, cuando viajaba en verano desde Río Negro para ver trabajar a su tío. «Desde muy chiquito me di cuenta que eso me apasionaba. Era muy raro charlar con mis amigos cuando éramos chiquitos, cuando yo les decía que quería ser relojero. Nunca sentí bullying, pero nunca ninguno entendió de qué se trataba», relató.
Su destino en el negocio se selló de manera muy particular tras el fallecimiento de su tío, mientras él estudiaba música en Cuba. «Adentro de un libro de música había un testamento que decía que, por haberlo ayudado en su enfermedad, por haberlo acompañado en esta pasión que es la relojería, el deseo de él era que yo siga con el negocio. Y eso fue lo que me terminó de convencer de que esto era lo mío», reveló.
Actualmente, el comercio sumó la colaboración de sus hijas y se expandió hacia el área de grabados y regalos empresariales personalizados. «La parte de taller hay que dejarla un poquito de lado comercialmente. No podés pensar en el tiempo que te va a llevar para cobrarlo, porque no existe en el rubro nuestro. Si realmente no te apasiona, te pone un poquito ansioso», explicó sobre la dinámica del taller.
Con respecto al valor que conservan los relojes en la actualidad frente al avance tecnológico, destacó el peso emocional que tienen para los clientes. «Más que regalar un reloj, nosotros notamos que la gente capta esto de regalar momentos. Porque ese reloj que el hijo le regala al padre o el padre le regala al hijo, te va a acompañar en momentos importantes. Toda esa carga es lo que todavía hoy está vigente», reflexionó.
Para Colalongo, esa conexión con el pasado sigue intacta cada vez que realiza su trabajo diario en el local de la Galería Plaza. «Hoy abro un reloj y me acuerdo, porque lo abro con la misma herramienta que me enseñó mi tío. Son pequeños tesoros que tengo que realmente hacen que me guste tanto el rubro, y que por eso estoy a las 7 de la mañana y a las 9 de la noche», confesó.
Por último, el joyero invitó a los bahienses a revalorizar el espacio donde trabaja diariamente. «Estamos en el centro comercial más importante del sur argentino. Les pido que los que puedan se den una vueltita por la galería, que miren el piso, que miren los techos. Es un centro cultural, una joya que no hay en ningún lugar del país», concluyó.
