Hugo Kern, licenciado en Psicología y jefe del Departamento de Salud Mental del Municipio, habló esta tarde con el programa Total Normalidad sobre la salud mental de los bahienses y cómo impactaron en ella las redes sociales y el aislamiento sanitario, entre otras cosas, así como también de los suicidios que se registran en la ciudad.
Kern definió la salud mental a partir de las condiciones materiales y los vínculos cotidianos. «La salud mental es la forma en la que vivimos, no como decimos que vivimos, sino cómo vivimos realmente y qué calidad de vínculos podemos establecer», explicó el profesional.
El especialista vinculó el malestar actual con las consecuencias del aislamiento y la transformación digital en las infancias. «Estamos viendo los efectos del aislamiento sanitario y cómo las redes impactaron en la vida de los pibes», afirmó sobre aquellos niños y adolescentes que pasaron etapas clave de su desarrollo sin presencialidad escolar.
«La salud mental es la forma en la que vivimos, no como decimos que vivimos, sino cómo vivimos realmente y qué calidad de vínculos podemos establecer»
No obstante, las dificultades vienen desde antes de la pandemia de COVID. El análisis histórico del departamento muestra que entre 2010 y 2012 se produjo un cambio en las guardias hospitalarias: las intoxicaciones por cocaína y las tentativas de suicidio superaron a las de alcohol. «Tardamos en darnos cuenta que coincidía con la revolución digital, con la aparición del ‘me gusta’ y la explosión de WhatsApp», recordó el psicólogo.
Respecto a las estadísticas locales, Kern informó que la tasa de intentos de suicidio es de 124 cada 100.000 habitantes. En Bahía Blanca, los suicidios consumados promedian entre 35 y 37 casos anuales. «Muere más gente por suicidios que por homicidios en ocasiones de robo o por accidente de tránsito», comparó para graficar la dimensión del problema sanitario.
La diferencia de género en estas cifras es marcada. De cada 100 suicidios consumados, 90 corresponden a varones. Sin embargo, en las tentativas la relación se invierte: el 90% son realizadas por mujeres. «Esta proporción tiene que ver con una forma cultural de comportarse y con el uso de psicofármacos como intento de regular la vida emocional», detalló el funcionario.
Kern analizó el impacto del sistema cultural en la población masculina y el peso del rol de proveedor. Sostuvo que la imposibilidad de alcanzar ciertos ideales económicos genera sentimientos de impotencia. «El fracaso en el nivel económico de no poder ser el macho proveedor genera un encierro que muchas veces puede tener las peores consecuencias», puntualizó.
«Las adicciones son un intento de llevar adelante tu vida, pero los paraísos artificiales te pasan una factura muy concreta»
Sobre el consumo de sustancias, el profesional lo describió como un intento de los sujetos por sobrellevar situaciones de encierro o falta de energía. Advirtió que los estimulantes funcionan como una respuesta momentánea ante la adversidad. «Las adicciones son un intento de llevar adelante tu vida, pero los paraísos artificiales te pasan una factura muy concreta», manifestó Kern.
En relación a la actual Ley de Salud Mental, el jefe del área defendió la norma, señaló que las dificultades residen en la implementación y negó que la ley impida las internaciones involuntarias en casos de riesgo. «Cuando no se produce la internación es porque alguien toma una decisión o por mala atención, no porque la ley lo prohíba», aclaró.
Finalmente, remarcó la necesidad de aumentar la inversión estatal en dispositivos intermedios y presupuesto específico. Destacó que el municipio creó cuatro dispositivos territoriales durante el último año para abordar estas situaciones. «Lo que tiene que existir es la voluntad política de transformar esta situación; el camino es invertir en casas de medio camino y pensiones terapéuticas», concluyó.

